
Entre las víctimas enterradas en el Cementerio de Monte Grande se encontraba Elisabeth Käsemann Wizemann, ciudadana alemana, secuestrada y asesinada por la dictadura argentina. Elisabeth era hija de un destacado teólogo alemán, lo que otorgó al caso una fuerte repercusión internacional.
Su asesinato y entierro clandestino evidenciaron que el terrorismo de Estado argentino no solo afectó a ciudadanos nacionales, sino también a personas de otras nacionalidades, generando reclamos y denuncias a nivel internacional.
El uso de la categoría NN fue una herramienta central para consolidar la desaparición forzada. Al enterrar cuerpos sin nombre, el Estado profundizó la negación de la identidad y prolongó el sufrimiento de las familias.
Con el retorno de la democracia, el trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) permitió avanzar en la investigación de enterramientos irregulares, la exhumación de restos y la identificación de víctimas, devolviendo la identidad a numerosos casos.


