Daniel tiene 18 años, cursa el último año de colegio secundario en la Escuela Nº18, y es Bombero Voluntario de Esteban Echeverría. Con tan solo 12 años, algo dentro de él despertó su vocación de servicio, que lo llevó a ingresar como aspirante a los Bomberos Voluntarios, y hoy reparte su tiempo entre libros, un trabajo de medio tiempo en una pañalera y el cuartel. Algunas veces, incluso, pasa las noches allí para poder comenzar su jornada nuevamente, sin regresar a su hogar, perdiendo la posibilidad de compartir momentos familiares.

En los primeros años, sus actividades eran la limpieza del cuartel, el acondicionamiento de los equipos y las autobombas, entre otros. Al tiempo, cuando se le cruzaba por la cabeza preguntarse el por qué aún continuaba en el cuartel realizando esas tareas, recordaba su sueño de ser parte de la acción, sentir la adrenalina de estar frente al peligro y poder servir, salvar y cuidar a las personas en situación de riesgo.

Las charlas con sus compañeros, esas noches de guardia y los consejos de los más experimentados lo ayudaron a sobrellevar esos años de aspirante. Ahí soñaba con ser el hombre que actualmente es. Sus ganas, esfuerzo, constancia y dedicación dieron frutos: al cumplir la mayoría de edad, el joven vecino de Monte Grande pudo rendir el examen que hoy lo acredita como bombero.

Daniel recuerda con orgullo el primer llamado que lo obligó a trepar al camión, rumbo a un incendio vehicular, lo que fue su debut como bombero. No olvida el aprendizaje de los bomberos más expertos en su primera salida, esas palabras que lo orientaron en la calle, que toma como propias y anhela con transmitirlas a una nueva generación.

Siguiendo los mismos pasos que lo llevaron a formarse como la persona servicial y respetuosa que hoy en día es, elige formar parte de un equipo que cumple una tarea muy especial dentro del cuerpo, la Unidad Canina de Rescate y Salvamento. Entrena a una perra llamada Mía, encargada de colaborar en las tareas de rescate, y destaca la importancia de la compañera canina, sintiéndose orgulloso de que sea un gran apoyo para la institución.

Con la humildad que lo caracteriza, no se considera un ejemplo a imitar, sabe que eligió una profesión riesgosa y con muchos sinsabores. Pero a su vez,
recalca el modelo de hermandad que le inculcan sus compañeros, quienes a la hora de actuar se transforman en uno solo y no dudan en ir al frente si hay un incendio que apagar y una vida en peligro que salvar.

El joven Bombero, sueña con continuar su vocación de servicio y anhela ser Policía Federal para continuar ayudando a las personas y expandir sus conocimientos en tareas de prevención.

En una sociedad donde pensar en la adolescencia genera una imagen de rebeldía, del desafío constante a las normas establecidas y a las figuras de autoridad, donde predomina el conformismo y la resignación, la falta de interés por el otro, colocando sus propios intereses por encima de los demás, aún surgen generaciones dispuestas a dedicar y arriesgar sus vidas para cuidar a los demás, eso lo convierte a Daniel Fuchs en nuestro joven héroe que nos enseña que no está todo perdido y todavía hay tiempo de hacer algo por el otro.